Ellas hablan, y la cabeza me empieza a girar. Me cuentan cómo empezó la historia, como dos amigas se reencontraron casi por casualidad por una pequeña pero poderosa idea, de cómo candorosamente se preguntaban si podría haber un TINDER o UBER para abogados y demás. Silvana me cuenta que la idea la asaltó en 2018, y que la continuó acechando hasta que tuvo que hacerla realidad. Karina, desde 12.000 km, de distancia, se sumó sin dudarlo. Sospecho que ninguna se hubiera imaginado que dos años después de la idea, las entrevisten en Crónica TV en un horario prime time.

Quizás por esa obsesión que tenemos los que nos gusta escribir de arrancar con una buena imagen que le vuele la cabeza al lector, busco en mi cabeza. No es fácil, nada aparece. De pronto, pienso en Callie Khouri. Y en Riddley Scott. Pienso en lo que debe haber sido escribir ese guión, dirigir una película como esa, lo que les habrá costado convencer a los estudios de rodar una historia que hoy calza con el timing de las nuevas demandas, pero que en esa época poco tenía que ver con los cánones de Hollywood. Dos chicas, un arma, un Ford Thunderbird 1966. La ruta. Me pregunto mil veces cómo habrán hecho la toma del final.

Perdón por no aclararlo. Habló de la guionista y del director de Thelma & Louise, esa maravillosa road movie que hizo que cada vez que veamos dos mujeres tomando el volante de sus vidas y desplegando su magia, pensemos en las dos heroínas del midwest también inmortalizadas por Fito Paez en “A rodar mi vida”. Me pregunto si será un lugar común, si a Silvana y Karina les molestaría lo que estoy pensando. Pienso en contárselos, pero no. Pienso en que quizás le estoy facilitando la tarea al lector, que podría haberme guardado la imagen para el final. Nunca fui bueno para las sorpresas.

Vuelvo a la conversación con ellas. Me siguen contando cosas, y es tan interesante todo, que me doy cuenta de que es hora de que desaparezca, que deje de escribir, que las deje hablar a ellas, que las deje con las protagonistas de esta historia: Silvana Stochetti y Karina Rasic, dos mujeres creativas y emprendedoras que en medio de una pandemia crearon Legalify.ar, una plataforma que vincula abogados y clientes y que pretende transformarse en mucho más que eso. Legalify se las trae.

Con ellas estuvimos hablando, chateando, zoomeando, y le hice esta entretenida entrevista, que sin más preámbulos les dejo a continuación.

¿Cuándo surgió la idea? ¿Qué estabas haciendo en ese momento? ¿Cómo sucedió que se juntaron?

Hace unos años, creo que fue en el 2018, estando de viaje empecé a soñar con la idea de desarrollar una aplicación que conecte abogados con clientes. La idea fue muy clara -y sobre todo ambiciosa en ese momento-, porque originalmente consistía en poder consultar mediante un chat virtual a un abogado en el instante. Aplicaciones como esas existen en USA y Europa con éxito y empecé a investigar el tema en distintos mercados.

Cuando volví de ese viaje me contacté con desarrolladores de aplicaciones y empezamos a bajar a la tierra esa idea, la que empezó a concretarse mediante el lanzamiento de nuestra versión beta de Legalify hace un mes y medio.

¿Qué te movilizó a crear una comunidad de abogados?

Siempre creí en la fortaleza de las redes y el trabajo en equipo. Entiendo que sólo mediante esta comunidad de abogados que se está generando podemos tender el puente virtual que los acerca y los une a los clientes, eliminando las barreras geográficas de siempre y las sanitarias de este tiempo. Sobre esto, está bueno contarte que aplica una tecnología con el fin de detectar el problema y poder recomendar al abogado especial para esa situación, además de tener en cuenta la localización del cliente.

¿Cómo fue tener que poner en papel la idea y emprender? ¿Lo habías hecho antes? ¿Habías tratado con desarrolladores / mundo tecnológico? ¿Cómo fue eso?

Como te decía, Legalify.ar, fue pensada hace varios años, gestada durante la pandemia y nacida en 2021.

Si bien casi toda mi carrera la desarrolle en el mundo corporativo, y en particular en el negocio energético, el emprendedorismo siempre me atrajo. De hecho, hace muchos años tuve un emprendimiento de ropa de golf diseñada para mujeres que se llamaba ProAm golf en paralelo a mi profesión. Lo que aprendí a partir de esa experiencia es que si tenés una idea de negocio, una start up o como quieras llamarlo, tenés que apostar todo tu tiempo y tus recursos a ese objetivo. No podés dedicarte part time a tu proyecto.

En cuanto al trato con desarrolladores y el mundo tecnológico, por haber trabajado siempre en ámbitos corporativos relacionados con la energía, el desarrollo de mi profesión siempre estuvo integrada a equipos multidisciplinarios, así que no me costó la relación con los desarrolladores ni el idioma de la tecnología. De hecho, disfruto aprendiendo de ellos.

¿Cómo fue la recepción? ¿Qué opinión te merece el hecho de que algunos abogados sientan que estar en una plataforma tipo TINDER / UBER le quita valor a la profesión?

La recepción fue excelente, de hecho en un mes sumamos más de 300 abogados de todo el país y de todas las especialidades.

Hasta ahora no nos llegaron comentarios negativos. Como abogada, entiendo que por naturaleza somos más reacios al cambio, pero también entiendo que es fundamental adaptarse para seguir siendo competitivos, porque la tecnología está revolucionando todos los sectores, y el sector legal no es ajeno a este movimiento

Es un hecho probado que la contingencia por el COVID-19 aceleró el proceso de transformación digital de los estudios de abogados: plataformas para la automatización de la generación de documentos, de facturación y cobranza, software para la gestión de asesorías, chatbots legales, videoconferencias, etc, se volvieron más comunes, una vez que el trabajo remoto se hizo obligatorio. Y no solo aumentó su uso: la tecnología fue más allá de los estudios jurídicos y llegó de manera más directa a los clientes. Herramientas como Legalify no sólo facilitan el trabajo de los colegas, sino que cada vez se van a volver más necesarias para ampliar la cartera de clientes.

¿Pensás que un futuro próximo plataforma como estas sean más útiles para calificar e incluso sancionar a abogados que las autoridades tradicionales (Colegio de Abogados, por ejemplo)?

En Legalify estamos desarrollando un sistema de calificación de los profesionales, que va a servir solamente como referencia para los usuarios. Como profesional del derecho, entiendo que la actividad sancionatoria que ejercen los colegios de abogados a través de los tribunales de ética no es reemplazable bajo ningún concepto, y tampoco pretendemos hacerlo.

Luego de emprender, y de armar una start up digital súper dinámica, ¿volverías a ejercer la profesión full time?

Como te comenté antes, estoy convencida que un emprendimiento de cualquier naturaleza requiere tus esfuerzos profesionales full time y no me imagino dejando Legalify. Si por supuesto soy usuaria de la plataforma y tengo clientes a partir de ella.

Si se escribiera una enciclopedia histórica de la abogacía argentina.. ¿Qué te gustaría que diga de Legalify?

¡Es una pregunta bastante difícil! Legalify es el primer marketplace de servicios legales de la región con contenido social que tiene como objetivo democratizar el acceso a un abogado calificado, creando un puente virtual entre la persona que no tenía acceso a un abogado calificado y el profesional. Con ese puente atravesamos las barreras sociales, geográficas y económicas.

¿Qué fue lo primero que sentiste cuanto te enteraste de la idea de Silvana? ¿Qué estabas haciendo en ese momento? ¿Por qué te uniste?

Estaba escribiendo mi primer libro, relanzando mi consultora y desarollando ideas nuevas para ayudar a las empresas argentinas a exportar a Europa. Vi que Silvana publicó una encuesta en LinkedIn que preguntaba si contratarías un abogado online. La respondí y llamé a Silvana para chusmear. Ese día me contó su idea y le ofrecí valorizarla, ya que eso es lo que hago en mi consultora que justamente había relanzado al mercado. Luego le ofrecí invertir y aceptó. Me pareció siempre un proyecto disruptivo y altamente escalable. Pero me uní sobre todo porque es una persona honesta, trabajadora y capaz. Eso es difícil de encontrar.

Dado que no sos del palo de la abogacía… ¿Cómo viste esto de una plataforma de contacto de abogados?

Ya no hay ¨palos de¨ en los proyectos tecnológicos. Las líneas se borran y cualquiera puede participar. Lo que hay que armar justamente son equipos multidisciplinarios con distintos aportes profesionales al proyecto. Y no perder el timing o la oportunidad para no quedar encasillado.

¿Visualizaste algún posible desafío / choque cultural?

Todo lo disruptivo trae aparejado un choque cultural y un riesgo. Soy arriesgada. Era mi destino participar de un proyecto así en algún momento. Es adrenalínico porque tenés que manejar muchas variables. Pero eso es lo que más me atrajo de Legalify, la arborescencia de ideas y el potencial que tiene.

¿Cómo fue el lanzamiento? ¿Cómo están funcionando? ¿Se están perfeccionando operaciones? ¿El grado de satisfacción es el esperado?

El lanzamiento iba a realizarse en abril del 2021 y lo lanzamos en una versión beta en enero. No nos íbamos a perder la oportunidad que nos trae la pandemia. Aunque no estamos conformes con esta versión, el público respondió muy satisfactoriamente, te puedo decir que no damos abasto. Por eso, estamos trabajando en una versión de alto vuelo que los va a sorprender y saldrá en mayo.

¿Cuáles son los próximos pasos que te imaginas para Legalify?

El primer paso es democratizar la justicia. Queremos que sea fácil encontrar quien te defienda y poder pagarle. En lo inmediato la idea es incorporar nuevas funcionalidades y expandirnos a otros países. En cuanto a dónde queremos llegar: a ser el próximo unicornio rosa de Argentina. Nuestra plataforma es un mix entre legaltech y fintech, poco imaginado aun en el mundo.

¿Qué recomendás a aquellos abogados que tengan una idea como Legalify? ¿Avanzar solos o buscar socios?

Sin socios no se puede avanzar mucho, sobre todo por el capital que hay que invertir. Un abogado sólo no puede gestar un negocio así donde la velocidad de ejecución y la inversión son claves. Ahí radica la inteligencia de Silvana, nuestra CEO. Sin esa visión, la empresa no puede llegar a ningún lado. El equipo no somos nosotras solas. Hay coaches como Lisa Ocampo y Marcelo Tear; familia; amigos como Sergio Coretti, de Genesys Miami; otros emprendedores como Cecilia Rategui, de Zolvers, o Belen Moroni, de Warmi Store; desarrolladores. Y miramos todos los videos de Juan Martitegui que también nos aconseja. Pronto incorporaremos otros directores con trayectoria. Estamos en buenas manos.

¿Cuál es a tu criterio la mayor limitación de los abogados para iniciar un emprendimiento?

Creo que todos los profesionales traen un vicio desde el colegio, que es no estudiar finanzas o negocios. Y a los abogados eso se les extiende en la universidad. Por eso están limitados en ese aspecto.

¿Cuál fue la mayor enseñanza que sacaste de todo este proceso?

No es un dato menor que desarrollamos el producto en pandemia, una en un continente y otra en otro, por calls, y en Buenos Aires cuando pudimos juntarnos. A mis 20 años nunca hubiera imaginado trabajar online. Y hoy fundé una empresa usando Meet.

Co-crear una empresa no es fácil. Trabajar en equipo es un gran aprendizaje, siempre. Si el equipo es bueno, el proyecto se enriquece con el aporte de todos. Lo segundo es tener las reglas del directorio claras para tener buenas bases y que no interfieran con el negocio las desavenencias que pueden surgir. Y por último hacer bien el plan de negocios con un profesional especializado en finanzas. En este último punto me atrevo a decir que Silvana fue astuta. La casualidad es que me contrató a mí y ahora somos socias. Pero es lo que debieran hacer todos los emprendedores sin excepción. Sin estos tres criterios básicos no avanzás. Lo repito hasta el hartazgo en mis redes donde doy consejos a las startups y empresas. Las ganas solas no alcanzan. El orden es progreso.

Compartir

Noticias Relacionadas